LA APUESTA SOSTENIBLE DEL HOTEL MONTEMÁLAGA
por Juan Manuel Rojas Fernández
Arquitecto y Director de la Obra del Hotel monteMálaga
junto al arquitecto Juan Ramón Montoya Molina.
Un principio básico de la sostenibilidad es el ahorro energético. Ahorro energético en los edificios supone no perder energía de climatización a través de los cerramientos. Es decir, sostenibilidad supone aislamiento.
El edificio posee distintos tipos de fachada según distintos requerimientos, pero en todas se cuida este aspecto. En la fachada de vidrio, por ejemplo, el acristalamiento con cámara y las carpinterías con rotura de puente térmico, aseguran el adecuado aislamiento térmico (también acústico). El color claro o reflectante de los cerramientos, reducen el coeficiente de absorción, consiguiéndose con el aluminio una reflectividad del 90%. Esto supone sólo el 10% de la radiación recibida es absorbida por el aluminio, aunque no pasa al interior al estar ventilado.

La fachada aplacada de piedra merece especial atención. Se trata también de una fachada ventilada en la que el calor provocado por la radiación que incide sobre las losas de Sierra Elvira abujardado, es retirado por una corriente de aire que circula en la cámara que dejamos entre esta piel y el muro de cerramiento propiamente dicho. Exteriormente, sobre este muro, proyectamos el aislamiento por lo que a partir de aquí hacia el interior, todo su espesor está dentro del espacio climatizado sirviendo, gracias a su inercia térmica, de acumulador de energía de climatización del espacio interior. Justo a la inversa de lo que se suele hacer en los cerramientos mal llamados “tradicionales”, donde la onda térmica suele terminar entrando y se convierte la inercia del muro en un inconveniente en vez de una ventaja. En la zona de la esquina hemos aumentado esta cualidad al construir dicho muro interior muy grueso (45 cm.) con lo que la inercia del conjunto es muy grande. Sombra, ventilación, aislamiento e inercia térmica se combinan en este cerramiento bioclimático. El espacio alto y en penumbra que estos muros forman en la entrada, es un almacén de aire climatizado que llamamos “Torre Fría” y sirve de esclusa amortiguadora entre el ambiente exterior y el interior. Un lucernario de apertura motorizada nos permite, en determinadas circunstancias, ventilar el espacio sirviendo de exutorio para evacuación de humos en caso de incendios.
En la cubierta de la Torre Fría, una lámina de agua se encarga, gracias a su evaporación y renovación, de mantener unas excelentes condiciones de aislamiento. Se trata de un sistema dinámico y ecológico denominado cubierta inundada.

Pero una de las estrategias más bioclimáticas y sostenibles es aprovechar la gran inercia térmica del terreno. Piénsese que a una profundidad entre 0,5 y 1,5 m. la temperatura no varía a lo largo de un día y coincide con la media diaria. Y que a partir de 10 m. la temperatura no varía a lo largo del año y coincide con la media anual (Neila González, F.J.) que en Málaga es de 18,1º. Habría que intentar, siempre que se pueda, aprovechar esto. Y así se ha hecho en este edificio al situar la entreplanta técnica para climatización a 2 m. de profundidad, con la planta de salones y el patio que aprovechan su situación a 6 m., e incluso con el aire del garaje a 9 m.
(Continuará en próximos artículos)